Bio

Luis Martínez

Artista nacido en Valparaíso, Chile (1969), y radicado en Buenos Aires, Argentina, desde el año 2005. Inició su formación en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y, tras un breve paso por la carrera de Arte en la Universidad de Playa Ancha, en Valparaíso, comenzó sus estudios de calcografía con el grabador Jorge Martínez García. Se tituló como profesor de grabado y pintura en el Instituto Superior de Bellas Artes Santa Ana de Buenos Aires, donde ejerce como profesor de la cátedra de pintura, además de dictar clases en su taller particular.

Su obra ha sido premiada y seleccionada en diversos certámenes, destacándose el Salón Nacional de Artes Visuales de Argentina, en las disciplinas de Dibujo y Grabado (2009, 2010, 2011, 2013), Salón de Dibujo Faber Castell (2011), Buenos Aires; Salón Pequeño Formato Quinta Trabuco, Vicente López, Buenos Aires (2013); Bienal Internacional de Acuarela de Viña del Mar (2008, 2010, 2012), y el Concurso de Artes Visuales Valparaíso 2014.

Luis Martínez ha participado en muestras individuales y colectivas en Chile, Argentina, México y Francia; expone en forma permanente en la galería Bahía Utópica en Chile, y es artista exclusivo de la galería Magna, en Buenos Aires, Argentina.

MUESTRAS

2014

Primer Premio del Certamen de Artes Visuales Valparaíso 2014. Obra “Sinfonía bicéfala”.

Valparaíso, Chile.

2013

Seleccionado en 102 edición del Salón Nacional de Artes Visuales.

Palais de Glace.

Buenos Aires, Argentina.

2011

Exposición individual

Galería de Arte Bahía Utópica.

Valparaíso. Chile.

2011

Seleccionado en 100 edición del Salón Nacional de Artes Visuales. Mención Dibujo.

Palais de Glace.

Buenos Aires, Argentina.

2010

Seleccionado en 99º edición del Salón Nacional de Artes Visuales. Mención Dibujo. Palais de Glace. Buenos Aires, Argentina.

Palais de Glace.

Buenos Aires, Argentina.

2010

Mención en la VII Bienal Internacional de Acuarela.

Viña del Mar. Chile.
2010

Seleccionado en el Salón de pintura Quinquela Martín.

Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
2009

Obtiene una Mención del Jurado, Categoría Grabado, en la 98º edición del Salón Nacional de Artes Visuales.

Palais de Glace.

Buenos Aires, Argentina.

2009

Seleccionado en la 98º edición del Salón Nacional de Artes Visuales, Palais de Glace. Obtiene una Mención en Dibujo.

Palais de Glace.

Buenos Aires, Argentina.

2007

Seleccionado en el 98º Salón Nacional de Artes Visuales, Categoría Dibujo.

Palais de Glace.

Buenos Aires, Argentina.

2007

Exposición individual “Viaje lineal” Dibujos, grabados y acuarelas.

Galería Modigliani.

Viña del Mar, Chile.

2006

Seleccionado en la Primera Bienal de Dibujo de las Américas.

Rafael Cauduro.

Tijuana, México.

2006

Mención especial del Jurado en la Quinta Bienal Internacional de Acuarela.

Viña del Mar. Chile.
2006

Mención en el Concurso de Grabado Arches.

Palacio de las Artes.

Buenos Aires, Argentina.

2005

Primer lugar en el XIII Salón Nacional de Grabado para estudiantes de Bellas Artes.

Escuela Superior de Bellas Artes “Regina Pacis”

Buenos Aires, Argentina.

2005

Seleccionado en el Concurso de Grabado Arches.

Palacio del Papel.

Buenos Aires, Argentina.

2003

Seleccionado en la Muestra Regional de Grabado “Dieciséis Grabadores Contemporáneos”

Sala Municipal de Valparaíso. Chile.
2002

Muestra individual

Galería de Arte Modigliani

Viña del Mar, Chile.

1999

Exposición colectiva.

Instituto Chileno Norteamericano de Cultura.

Valparaíso, Chile.

2000

Seleccionado en el XXXI Salón de Viña del Mar.

Obtiene Mención en Grabado.

Viña del Mar. Chile.

1998

Primer lugar en el Concurso Regional de Dibujo.

Municipalidad de Viña del Mar.

Viña del Mar, Chile.

Portfolio

Recorra el Portfolio y descubra parte de la obra de Luis Martínez

TEXTOS

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Por el camino del hombre

...“El desmembramiento de las formas humanas vuelve a acentuar el drama, mientras también uno descubre una severa crítica a la condición de los seres, que no conocen su propia realidad. Desde otro ángulo, Luis Martínez es un artista despierto, con serena capacidad de análisis y de autocrítica. Le interesa la condición del hombre y el rol del artista en nuestra sociedad.”...

María Soledad Mansilla
El Mercurio de Valparaíso
17 de marzo de 2002

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Catálogo de la muestra “Apuntes del jardín”

...“Reconstruir la memoria y hacerse parte de ella es en la pintura de Luis Martínez, el mensaje subliminal que envuelve su propia existencia. Es su matriz, su eslabón, la conexión con el hogar en que los recuerdos y las vivencias dejan un estigma en cada una de sus obras. Esta propia realidad, la deja salir desde un inconsciente que inunda la tela y que crea personajes irreales que se ocultan del espectador a la espera del encuentro. Son personajes escondidos, con gestos inacabados que permiten ver el horror de existir en un espacio donde el desenlace es incierto. Todo esto está concebido bajo un aura provocadora, irónica, insinuante y sumamente expresiva que nos arrastra a ese jardín que evoca un pasado donde la historia se empieza a escribir.
La excelencia de la obra de Luis Martínez siempre nos ha cautivado. Sus gráficas nos han permitido ver en él a un artista con una maestría que crece día a día y de obra en obra. Hoy la sorpresa es distinta pero también sobrecogedora. En esta serie “Apuntes del Jardín” se aboca decididamente a la pintura; la toma, la experimenta, la vive, pero sin dejar de lado el potente trazo que conlleva la gráfica, ese gesto suelto y expresivo tan característico en su creación. Hoy, gráfica y pintura se abren a una variada gama de visiones haciéndose más potente y más desgarradora. Esta inagotable exaltación de lo expresivo se mezcla con una visión más sensible de lo que le rodea. Es así como podemos ver una obra más dinámica y vertiginosa, que va llenando los espacios de manera certera y delirante. Una obra que va creando su propio camino.”...

Edwin Rojas
Artista visual

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Apuntes del Jardín: Un viaje a Narragonia

“Luis Martínez se me imagina asimismo un artista de estilo medieval, de esos que se dedican a pintar bestiarios. Esas obras singulares donde cada animal fantástico era portador de un vicio o virtud, representando de esa manera la eterna lucha entre el bien y el mal. Claro que en los cuadros de nuestro artista, ese bestiario medieval se convierte en un riquísimo friso de rostros y cuerpos dolientes.

rnEn Apuntes del Jardín percibo algo de esa crítica actual al fracaso del proyecto humanista de la modernidad. Esa profunda desconfianza por la razón pragmática, esa angustia por el vacío que nos dejó la caída de las ideologías, ese miedo frente a la destrucción real de la naturaleza y esa decepción por la privatización de nuestros sueños. En el delicado e intenso trabajo de Luis Martínez no puedo dejar de ver la profunda crisis que vive el individuo contemporáneo.”

Marco Herrera
Escritor y docente de la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso.

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Barroquismo gráfico

“En el noble y antiguo arte del grabado, se conjugan codo a codo dos maneras opuestas y complementarias de trabajar el vacío: la manera tradicional y la manera negra. Esta última, que no debemos confundir con su técnica emblemática, la mezzotinta, nos remite a una forma nocturna y saturnal de entender y ver el universo del dibujo. Mientras que la manera tradicional nos conduce por las aparentemente tranquilas aguas del fondo en blanco. En ambos casos es el vacío, la nada. La totalidad deviene de la relación, tirante y dinámica, entre estos dos extremos. La obra gráfica de Luis Martínez surge precisamente de esta tensión. Su génesis procede de la interacción, ambigua y dialéctica, entre ambos abismos: no es en lo blanco, pura posibilidad e invitación a la danza; no es tampoco en el negro, muro nocturno de infinitas posibilidades a fuerza de escondite y sorpresa, donde se encuentra el motor que desborda en estas obras, es en la relación misma, es en el filo entre estos dos hemisferios, donde se configura su presencia.
Establecido este parámetro básico, podemos aproximarnos a su obra con una cierta seguridad, pues intuimos la posibilidad de haber descubierto una herramienta hermenéutica que nos permita orientarnos en el bosque de símbolos trazados y signos enigmáticos de su floresta fantástica, de su mundo en continua gestación y fundición. Pero pronto esta seguridad se torna en sorpresa, pues la obra tiene la rara cualidad de mantenerse siempre fresca, llena de nervios y giros inesperados, donde la certeza de nuestra interpretación se encuentra jaqueada, obligada a defenderse y justificarse. Podemos ver cómo se imbrica el trabajo saturador del lápiz, tratando de cubrir febrilmente el vacío horizonte del blanco del papel, del soporte y de la mente, en una suerte de transcripción intuitiva a la vez que sensible del estímulo visual, de la memoria y del sentimiento. Así también podemos entender la dialéctica del tono oscuro, de la gestación de una textura barroca, orgánica y matérica, donde las formas luchan por aparecer, llamando nuestra atención a gritos, o a susurros y con señas, diciendo con ello que, a veces, el detalle mínimo se constituye en monumento gráfico.
Sería fácil decir: macrocosmos y microcosmos, cuando en realidad queremos subrayar la dinámica de este cambio, simultáneo, permanente, alternante, crítico, entre lo grande y o pequeño, a la vez que entre lo claro y lo oscuro. En esta movilidad incesante radica la dificultad interpretativa y la belleza plástica (no sólo visual) de esta obra. Desconcierta y libera esta falta de ordenación uniforme del espacio gráfico. Creemos acostumbrarnos a una percepción y terminamos encontrando pasajes sorprendentes, orientados hacia una nueva lectura del mundo abigarrado de este artista del espacio. Como un trapecista, su trabajo se expone siempre a la caída del abismo; caída que opera hacia ambos lados del punto crítico que señala el lápiz, el diamante, el buril o el pincel en su contacto con el soporte: es el peligro del blanco y el negro, del trabajar poniendo y del trabajar quitando, de la búsqueda incesante. La riqueza y la fuerza expresiva que implica este camino, diurno y nocturno a la vez, nos ciega y nos ilumina al mismo tiempo, definiendo la singularidad de la obra de Martínez.
Así por ejemplo, el uso de la figuración. Gracias a la dialéctica de la forma, de lo vacío y de lo lleno, el trazo de este artista se apoya en la posibilidad de cambio en la morfología, en una suerte de cubismo orgánico donde la mirada del contorno y del volumen genera formas en continua mutación, verdaderos aquelarres visuales. La lectura de estas formas nos conduce, indefectiblemente, a otros tantos mundos de significación, abriendo la obra en múltiples direcciones interpretativas. Pero, en un nuevo giro aún más complejo, la obra se ordena y compone en una estructura marcada por líneas de construcción, como andamios, que sostienen esta perpetua metamorfosis, elevando la discusión a un segundo nivel de lenguaje: la dialéctica del orden y el desorden, de la evolución de las formas y el caos, en un mundo arquitectónicamente equilibrado y coherente, en la resolución de la obra única y múltiple.
Otro hecho significativo, en la dialéctica del claroscuro que impera en la obra de este artista, es la sensibilidad del trazo. El gesto trazado, la huella, aparece como registro sismo-gráfico de una voluntad de expresión que se autocuestiona y se transmuta sin cesar, que se observa y analiza a sí misma en el proceso de su ejecución. De pronto, el diseño emerge clásico, pausado y trabajado, para girar entonces hacia una actividad frenética, autónoma y nerviosa, en perpetua persecución de su propio trazo. Aquí el claroscuro se torna calma y frenesí, contradicción dinámica, luz y sombra del gesto gráfico. Lo nocturno es lo visceral, lo automático; lo diurno es lo ordenado, lo apolíneo. La construcción del dibujo ya trae consigo la dialéctica de los opuestos dinámicos, al enfrentar la cantera inagotable de imágenes a una suerte de tejido lineal, caldo de cultivo de nuevas imágenes, que así contradicen la definición alcanzada por las más acabadas, en una batalla sin cuartel por la figuración. En este sentido, el gesto gráfico se une al tramado lineal, para crear un espacio saturado y abigarrado de formas en explosiva gestación. Se trata de un magma que sólo el momento ha sostenido inmóvil, pero que la mirada sorprende en continuo movimiento, tanto formal como semántico. Se trata de una obra de múltiples facetas y niveles, que va tallándose poco a poco en el aparecer del trabajo laborioso, y que deja, como virutas en la carpintería, un suelo plagado de restos, detritos y materia en descomposición, tierra de hoja y fermento de la nueva creación incesante. Así sus obras poseen campos de labranza, espacios donde caen nuevas semillas y restos heridos de anteriores batallas. Todo está junto. La tramoya y la mampostería, el acabado y el lustre, los hallazgos y las búsquedas.
En su obra grabada, específicamente en sus calcografías, alcanza una factura notable, donde las dotes de eximio dibujante se aúnan a una técnica segura, de ejecución impecable. Podemos decir que sus grabados son como sus dibujos, pero pasados por la rigurosidad que imponen el metal y los ácidos. Esta exigencia, que para muchos podría ser una limitante, encuentra en su obra un resplandor aleccionador: expresión y oficio se potencian y enriquecen mutuamente. En la temática, los grabados prolongan, comentan y concretan muchos logros alcanzados y logrados en la contienda gráfica. Somos testigos en dibujos y grabados de una atmósfera similar, pero con acentos diferentes: en el grabado, sobretodo en el aguafuerte, la línea se adelgaza, se torna filuda y acerada, exasperando toda observación reposada; en el dibujo, la línea es rubicunda, casi aterciopeladas, permitiendo lecturas más contemplativas. A la frialdad propia del aguafuerte, contrapone suaves acentos al aguatinta, creando un conjunto armónico, de gratas calidades atmosféricas. Se afirma esta percepción al notar el sabio equilibrio tonal al que somete sus obras grabadas. Delicadas transiciones atemperan los negros más profundos, creando matizadas zonas de transición. El aguafuerte, con su estudiado manejo de tiempos y mordidas, favorece un control que, cual contrapunto técnico, modula las estridencias de la expresión. Esta misma técnica permite un caudal de finísimas líneas y tallados en miniatura, permitiendo la plasmación de espacios normalmente imposibles, incluso en un dibujo maestro como el suyo. Con ello, los grabados empujan la contradicción dialéctica de su gráfica hasta límites extremos.
En su pintura, asistimos a un proceso de transición donde los acentos son, todavía, plenamente gráficos. A la problemática formal, a la dialéctica del blanco y negro, se suman aquí los abismos del color y la textura del óleo, así como la lucha soterrada entre lo gráfico y lo pictórico, con los límites movedizos y complejos propios de la acuarela. Hasta el momento, el predominio de los fondos blancos, como destellos de luz enceguecedora, crean zonas que contrapesan las áreas de color, fracturando el espacio en una expresión eminentemente gráfica. Esta expresión ilumina el mensaje visual de su pintura con tintes tornasolados, donde el color interactúa en gesto y materia con la forma abigarrada y rotunda. El color no es reposado (como no lo es la línea), participando del expresionismo que alienta su dibujo. No encontramos extensas y tranquilizadoras zonas de color uniforme. Como en toda su obra, el color debe sobrevivir por sus propios medios, por su fuerza y su dinámica, expuesto constantemente a la preeminencia del gesto, que bien puede sostenerlo, exaltarlo o ahogarlo.
El barroquismo de sus contenidos temáticos y el nervio de la técnica pictórica, tal como ocurre en grabados y dibujos, no hace sino afirmar la unidad de estilo que caracteriza toda su obra, como huella indeleble de su coherencia interior. Pues la paradoja de las búsquedas, las críticas y las maneras, se resuelve en la expresión de un discurso visual que podemos reconocer como propio, como rúbrica de un artista verdadero. Luis Martínez lucha, como todos, contra sí mismo, contra la imagen reguladora que este estilo impone a sus búsquedas, contra el manierismo de la comodidad. Su obra, en lo técnico y en lo temático, es un testimonio del hombre contemporáneo: fragmentado, integrado, desintegrado y total, de sus luchas contradictorias y de sus pausas esclarecedoras, en fin, de sus preguntas cargadas de respuestas.

Jorge Martínez García
Artista visual y docente de las universidades de Playa Ancha y Católica de Valparaíso, Chile.

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Catálogo de Luis Martínez, Galería Magna

Gauguin les decía a sus discípulos de Pont Avent que tan real como lo que vemos es lo que sentimos o soñamos ¿Y quién puede dudar de ello? Como un Bosco contemporáneo, Martínez construye universos en los que las cosas y los hombres se amalgaman sin una lógica relación; y revela la impronta que el tiempo deja en el cuerpo.
Con la paciencia del ingeniero, Martínez construye sus disparatadas cosmologías como si se tratara de una máquina en la que nada debe quedar al azar. No obstante, nada de lo que allí sucede es previsible o esperable. Hasta sus más pequeñas tintas tienen la riqueza de un número infinito de cosas, que a diferencia del sajón de Borges están vivas allí, en el papel o la tela, esperando que cada uno las descifre.

Adriana Laurenzi
Crítica e historiadora de Arte. Docente en el IUNA y en la Universidad del Salvador

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